¿Gastamos poco en lo social, o gastamos mal?
En Uruguay se repite como un mantra que la solución a la pobreza es más presupuesto, más programas y más Ministerio. Sin aburrirlos con discursos, vamos al tema en cuestión: los números del propio Estado muestran que el problema no es cuánto se gasta, sino qué capital humano se forma con ese gasto. A las pruebas me remito.
¿Qué dicen los datos?
Entre 2005 y 2023 el gasto público social pasó del 18,4% al 26,4% del PIB. En ese mismo período, la pobreza se estancó alrededor del 10% entre 2014 y 2023 (9,7% en 2014 y 10,1% en 2023, según la serie vieja del INE, el Instituto Nacional de Estadística). La pobreza infantil, por su parte, pasó de 18,9% a 18,8%: prácticamente no se movió.
Cabe aclarar, para ser honestos, que hubo bajas intermedias (llegó a 7,9% en 2017 y volvió a bajar entre 2020 y 2022), así que no es correcto decir que «la pobreza no baja desde 2014». Lo que sí es correcto es que, en nueve años y con muchísimo más gasto, quedamos en el mismo lugar. La asistencia sostiene el consumo, pero no está generando ascenso social.
Y hay un dato que me parece el más grave de todos: según la nueva serie del INE, el 29,1% de los niños menores de 6 años vivía en la pobreza en 2025 (con un margen de error de 1,8 puntos). Ahí, en los primeros años de vida, es donde se decide el futuro del país.
¿Qué pasa en la primera infancia?
Los indicadores de salud del MSP (Ministerio de Salud Pública), todavía preliminares para 2024, completan el cuadro:
- Bajo peso al nacer: 8,9% en 2024, por encima del 7,7% de 2015. En ASSE (la salud pública) llega al 9,5%, contra 7,9% en los prestadores privados.
- Controles del embarazo: el 95,9% de los nacimientos estuvieron bien controlados, lo cual es una buena noticia.
- Vacunación: coberturas altas en 2024 (97% en la primera dosis contra el sarampión), pero en diciembre de 2025 aparecieron 5 casos de sarampión en Río Negro y cerca de 20.000 niños tienen el esquema incompleto.
- Natalidad: nacieron 29.899 niños en 2024, un 20% menos que en 2019.
Cada vez nacen menos niños, y por eso mismo cada uno de ellos importa más. Un niño que llega al mundo con bajo peso, mal alimentado o sin vacunas arranca la carrera con desventaja, y eso no se arregla con un subsidio a los 30 años.
¿Es culpa de un gobierno en particular?
No, y conviene decirlo con claridad, porque del otro lado también hay gente que piensa y no tenemos por qué regalarle argumentos. El MIDES (Ministerio de Desarrollo Social) no fue recortado: su ejecución real subió en 2020, 2021, 2023 y 2024. Además, es un ministerio chico, de menos del 1% del PIB. La verdadera discusión sobre eficiencia está en el BPS, la salud y la educación.
Por eso no se trata de pelear por el tamaño de una partida, sino de cambiar el enfoque.
¿Qué propongo?
Para resumir, creo que el Estado tiene que dejar de financiar estructuras y empezar a invertir en personas, respetando la Vida, la Libertad y la Propiedad de cada familia:
- Ayuda directa a la familia, no a intermediarios. Transferencias a cuenta o tarjeta, con trazabilidad, ajustadas por inflación, con un tope temporal y una salida clara al empleo.
- Condicionalidad. Ayudar a cambio de invertir en el niño: controles de salud y asistencia escolar. Hasta el propio Frente Amplio convergió hacia ahí, al subir del 20% al 40% la parte de la Asignación Única condicionada a esos requisitos (aprobado en Diputados en agosto de 2026).
- Una sola ficha por niño. Un registro nominal compartido entre Salud y Desarrollo Social, para saber quién recibe qué y con qué resultados.
- Metas públicas para la primera infancia. Objetivos medibles de bajo peso al nacer y de anemia infantil, con seguimiento abierto a la ciudadanía.
- Evaluación obligatoria. Todo programa social debe demostrar resultados con evaluaciones públicas, y el que no funcione se cierra.
- Nunca cortar sin un puente. Antes de reducir cualquier plan, un seguro de desempleo con capacitación y metas de empleo formal. No se trata de dejar a nadie tirado, sino de que nadie quede atrapado.
La batalla cultural también se da con números. Y los números dicen que el Culto al Estado, en su versión de más gasto sin medir resultados, ya fracasó.
Muchas gracias.